5 de enero de 2012

A las cinco cada tarde mi abuelo me traía a la cama una jarra de leche con  rosquillas. Me quedaba allí mientras él iba a darle vuelta a las gallinas. La merienda me duraba sólo unos minutos y cuando él volvía yo le esperaba a los pies de la cama, de pie,  a escondidas con el cuerpo pegado a la pared. Cuando abría la puerta con los huevos  en las manos juntas haciendo un canasto con su cuerpo yo le asustaba y tenía que hacer juegos malabares para salvarlos a todos y que no cayeran al suelo

Yo reía y reía

Tardé muchos años en darme cuenta que él siempre supo que cada tarde yo le esperaba. Siempre hizo su papel de equilibrista asustado a la perfección, sin caer en  el derroche de desperdiciar un huevo

Entonces  sólo tenía 5 años


.

4 comentarios:

  1. Kay

    muy valioso para mí, es como un fogonazo que me cuenta mucho con poco, igual que un haiku

    ResponderEliminar
  2. Si no fuera por las patas de las gallinas se diría que parecen sombras chinas. La foto de Bruno Bourel es preciosa y oportuna; tus recuerdos, un tiempo devuelto para revivir.

    ResponderEliminar
  3. Tempero

    soy un salto, una asociación, un brinco, un recuerdo, un vuelo, un ensueño

    también encuentro la fotografía preciosa

    ResponderEliminar

Dime