No me dejes nunca sola
en las sombras
A. Beltrán
Al otro lado algunos pájaros buscan el sol, el primero de la mañana, en la parte más alta del tejado. Imagino esas estaciones de tren abandonadas cuando sus muros no tenían tantas heridas abiertas, las ventanas tenían cristales y había personas quietas al otro lado mirando hacia fuera, como yo las miro a ellas (aunque sean invisibles a otros ojos) también quieta, desde el movimiento rápido del tren.
Avanzamos en el trayecto y los perros aparecen en primer lugar, corriendo tan felices, que pienso que no corren, corretean. El cazador, bastantes metros más atrás camina hacia ellos con la escopeta entre sus brazos. La sujeta del mismo modo en que se acuna a un bebé.
Quedan atrás y los árboles me dicen ahora que junto a ellos corre el agua mientras yo abro otras ventanas.
Si lo hacemos, si las abrimos, podremos tocarnos.
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