Una semilla alada
Nací desconcertada
al amanecer cuando cesa la lluvia;
insólitamente no era nadie en concreto, un pobre en un chamizo
de flores.
Al amanecer, cuando cesa la lluvia,
las cosas buscan forma a la deriva.
Vi pasar polen por los árboles
sin prisa
sin posesión ninguna, ni peso siquiera.
Partí, llevándome todo mi mundo,
envuelta en mi identidad tan fina como una película de jabón,
y todo ese día fui un ojo a merced del viento.
No pude
descansar, ni tan sólo un segundo.
Cada vez más desenfocado, girando
por el reino en desintegración de un jardín,
sin ir a parte alguna
y sintiéndome en cada ángulo,
me hice enorme,
como si plantaras una guitarra de siembra,
una enigmática forma de esferas y cables.


