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18 de mayo de 2014

                                     





Te prometo mi asombro,
la mirada
virginal y curiosa
de los gatos,
dos ojos sin historia.

Juro 
descubrirte a diario,
sorprenderme,
hechizarme
como quien llega y parte 
de un país extranjero

                                                     





9 de mayo de 2014

¿Qué realidad oculta
la densa arquitectura de la niebla?

Ariadna G. García




 Vi por primera vez a Ariadna G. García antes de comenzar el acto, vestida de negro, sencilla-austera, guapa, junto a Olvido García Valdés, en la última edición de Cosmopoética.

La "vi" mucho mejor cuando comenzó a recitar sus poemas.

Ahora, mientras leo  La guerra de invierno, aparece su nuevo poemario, Helio. Jorge Riechmann le ha escrito el epílogo. 

Me gusta mucho. Por muchas razones.

"En la vida hay cosas importantes, y otras menos importantes. Por un lado estás tú –el Tú del diálogo soberano–, y por el otro las menos importantes.

Lo que vale en la vida, lo único que da sentido y valor a ésta, es el amor. Si hay amor, todo lo demás se dará por añadidura; y si falla el amor todo lo demás se desmorona, se descompone, se desvanece. Como decía Claudio Rodríguez en Casi una leyenda: “¡Si es el amor sin dueño, si es nuestra creación:/ el misterio que salva y la vida que vive!”

Enamorarse es volar (con todos los riesgos y desmesuras que ello comporta, y si no que se lo pregunten al enamorado Ícaro, por no mencionar a otros ilustres aviadores); amar es no dejar caer. Esto último exige menos fuego, pero mucho más músculo y constancia. Es la verdadera prueba.

Eros, con todos sus fulgores suntuosos, puede también encerrarnos en un egoísmo compartido. Pero como nos enseñó Emmanuel Levinas –desde detrás de las alambradas de un campo de concentración–, Eros se vuelve amor en el sufrimiento por el sufrimiento del otro.

Recordó (trajo de nuevo al corazón) Juan de Yepes: “a la noche, seréis examinados en el amor”. No examinados por los libros publicados, ni por las ciudades conquistadas, ni por las amantes satisfechas, ni por las elecciones ganadas, ni por las toneladas de acero o cemento producidas, sino examinados en el amor. Esa noche no es la de ningún hipotético e indemostrable Juicio Final, sino la cotidianidad vespertina de cada uno de nuestros días; y ese examen es el único que cuenta de verdad. (Las mujeres, ya por delante de los varones en méritos académicos en un país como el nuestro, también obtienen mejores notas en este examen.)


Ariadna aprende, desaprende y vuelve a aprender en estos poemas. La acompañaremos en su recorrido ígneo –y también en su laboriosa construcción."
Jorge Riechmann




23 de octubre de 2013

...Atravesamos juntos una soledad espesa,
que de otro modo, nos mortificaría.
De vez en cuando,
algunos de los animales se sienten atraídos por la nieve,
y aunque nunca se paran,
lamen copos o se frotan contra los desfiladeros blancos.
Qué belleza la de sus ojos llenos de alegría y de ímpetu.
Poseen el espacio que recorren, y el aire que respiran.
Miro los árboles.
Luego, dentro de mí.
Disfruto el sueño que he tenido el valor de imaginar.
                                                                                                





Ariadna G. García, un hallazgo de este año  "Cosmopoético"




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