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8 de septiembre de 2016
19 de marzo de 2016
9 de septiembre de 2014
Centro
Remontamos a pie el lecho del río, sin saber
muy bien qué buscábamos: hundimos los pies
en charcas repletas de insectos, pisamos zarzas
para evitar cascadas, nuestra piel se llenó de cortes
y se aceleró el corazón. Finalmente, más arriba aún
de donde manaba el agua, la encontramos: una
enorme pirámide de piedra -era el secreto.
No lo desciframos, pero alcanzamos su localización exacta;
no lo desvelamos, pero sabemos al menos que existe.
Pienso -y éste es el motivo que me trae al poema
desde las charcas llenas de huesos de animales-
si habrá también dentro de ti un camino
que lleve a tu centro, al secreto: aunque sea
un camino así, lleno de zarzas
y precipicios -¿qué importa eso,
si las heridas de ese camino ya las tengo?
Martín López-Vega
Mirna se afila las uñas cada día, varias veces además.
Lo hace en el sofá y en la cesta llena de revistas; también en la colcha blanca de mi cama, a los pies, en la esquina derecha casi siempre.
No ha perdido su instinto cazador ni el hábito de prepararse para los peligros y sorpresas que depare el nuevo día.
Mirna se afila las almohadillas cada día, no tiene uñas.
20 de abril de 2014
27 de octubre de 2012
Para hacer el retrato de un pájaro
.
Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después algo bonito
algo simple, algo bello,
algo útil para el pájaro.
Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada, sin moverse
A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse
Hay que esperar
Esperar si es necesario durante años
La celeridad o la tardanza
en la llegada del pájaro
no tiene nada que ver
con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro llega, si llega,
observar el más profundo silencio
esperar que el pájaro entre en la jaula
y una vez que haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel.
Después borrar uno a uno todos los barrotes
cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.
Hacer, acto seguido, el retrato del árbol,
escogiendo la rama más bella para el pájaro,
pintar también el verde follaje
y la frescura del viento,
el polvillo del sol
y el ruido de los bichos de la hierba en el calor estival
y después esperar
que el pájaro se decida a cantar.
Si el pájaro no canta, mala señal,
señal de que el cuadro es malo,
pero si canta es buena señal,
señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle delicadamente
una pluma al pájaro
y escribid vuestro nombre
en un ángulo del cuadro.
.
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