Son las pequeñas cosas las que fascinan a Lynn. La distancia entre el diminuto lunar y el ombligo. El brillo de labios cuando ya se ha borrado el rojo cereza. Los hilos de saliva que Chiara deja en el pecho de Lynn. Las manos de Chiara, que a veces ni siquiera tocan la piel de Lynn, sino tan sólo el aire que flota sobre la piel, de forma que los pelillos se yerguen hacia Chiara.
...de cómo las pequeñas cosas conforman los grandes universos
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