Un día se detuvo frente a un árbol. Vio hojas, ramas y frutas.
Ningún jardinero pudo responderle: nadie sabía su nombre ni su origen. Se dijo: no conozco este árbol ni lo comprendo: sin embargo, sé que desde que lo vi mi corazón y mi alma se han vuelto frescos y verdes. Me quedaré, pues, bajo su sombra.
Djelal-Edin Rumi
Árbol desconocido
Sé de un árbol que está al final de todos los caminos
Conozco la forma de sus hojas El dibujo de sus ramas
El sabor de sus frutos
Es un árbol que todos ven Que todos vemos
Que puede estar frente a nuestra casa o en la infancia
Y no lo reconocemos
Nunca lo he visto Pero sé que me espera
La voz que llama no es voz
No es necesario ir hacia ella
pues en ella estoy
No hay tú ni yo
No hay aquí ni allí
Todo es uno
Uno es nada
Martín López-Vega
Las cartas certificadas llegan a casa con la misma urgencia que las que no caben en el buzón, con una llamada rápida y repetida dos o tres veces al timbre, precedida siempre por el sonido del carrito que arrastra el cartero. El sobre que me entrega contiene un Árbol desconocido, también una Cadena humana. Y sigue rápido con su reparto, sonriendo porque este cartero al que conozco desde niña (él también era un niño) siempre sonríe. Lo hace bajo la poca sombra que dan los naranjos.
A los pies de uno sembré en junio un jazmín pequeño. En pocas semanas creció bastante.
Mi padre murió mientras tanto.
Cuando mi madre lo vio me dijo ...has de ponerle una guía ya, que no invada la acera.
Mañana lo haré, le dije yo, y me fui al cine de verano.
Cuando llegué a casa, pasada la media noche, un pequeño terrón oscuro me llevó hasta el ya jazmín inexistente. Un pequeño rastro de tierra en la acera me indicó el camino que había seguido quien lo robó.
