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27 de agosto de 2012




Se iba. No se había dado cuenta  hasta, que de pie, se acercó a ella para abrazarla. 
-...Estás llorando, le dijo mientras la rodeaba y recogía una lágrima con sus dedos.
-Lo que tienes que hacer es buscar un hombre que te quiera, le dijo con la cara hundida en su pelo




Somos amantes. No podemos dejar de amarnos.
A veces no regreso al pensionado, duermo a su lado. No quiero dormir en sus brazos, pero duermo en la misma habitación, en la misma cama...Me ducha, me lava, me enjuaga, adora, me maquilla y me viste, me adora. Soy la preferida de su vida. Vive en el temor de que encuentre otro hombre. Nunca temo algo parecido.

Marguerite Duras




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26 de agosto de 2012





...cuando mi madre estaba triste hacia enganchar el tilburí e íbamos al campo a ver la noche de la estación seca. Tuve esa suerte, la de esas noches, la de esa madre.
La luz caía del cielo en cataratas de pura transparencia, en trombas de silencio y de quietud. El aire era azul, se cogía con la mano. Azul. El cielo era esa palpitación continua de la brillantez de la luz. La noche lo iluminaba todo, todo el campo a cada orilla del río hasta donde alcanzaba la vista. 

Cada noche era particular, cada una podría denominarse según el tiempo de su duración.

 El sonido de las noches era el de los perros del campo. Aullaban al misterio



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