Se iba. No se había dado cuenta hasta, que de pie, se acercó a ella para abrazarla.
-...Estás llorando, le dijo mientras la rodeaba y recogía una lágrima con sus dedos.
Somos amantes. No podemos dejar de amarnos.
A veces no regreso al pensionado, duermo a su lado. No quiero dormir en sus brazos, pero duermo en la misma habitación, en la misma cama...Me ducha, me lava, me enjuaga, adora, me maquilla y me viste, me adora. Soy la preferida de su vida. Vive en el temor de que encuentre otro hombre. Nunca temo algo parecido.
Marguerite Duras
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