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24 de octubre de 2015






Me muevo al sol y pierdo. Hay una tela
o lámina transparente adherida, una
película fría o sudorosa del alma que se viene
a la boca. Vivo en ese lugar donde viven
Rui Knopkfli o Bertina Lopes, fuera
de sitio y tierra de nadie. Hay un sol
excesivo y un espíritu frágil, cuerpo 
liviano y voladizo en el malestar
y claridad de la mente, los ojos locos
si no se cuida, si no retienen el pronto
aquel, padre nuestro mestizo de saber
y sentir. Fría la película adherida al estómago
y la luz excesiva, enfermo el equilibrio, la historia
que pasa y está aquí, el calor inflamado, biografía
volátil que es tiempo mío y vida
de los pueblos. Al día se hace, pero la teje la memoria
se bate como sustancia fina y espesa, son y no son
las cosas que ya fueron y vuelven como agua 
agria a la boca, malestar caminando
por una fortaleza un día de julio, en
Mozambique era y es aquí y podría ser
en Santiago de Chuco el buche agrio. 
                                                                                  Más escuánime
la vida o aquietada, rara y querida como una
enfermedad o la dulzura tibia de quien va
al parecer convaleciendo y sabe
que otra cosa al parecer no hay.