hasta romper y desbordarse: una presa que estalla,
un tajo abriendo la cama de helechos...
20 de septiembre de 2014
Entonces, ¿qué era mejor
que aplastar una hoja o una hierba
entre las palmas de las manos,
y luego ondearla poco a poco,
a gusto ante boca y nariz
y su olor inhalar?
Si algo sabes
acerca del universo
es porque has absorbido
las cosas así,
has mirado bien
-como cuando te miras hondo-
3 de octubre de 2013
Allí mismo
Una nidada fría, una puesta completa aunque escondida bajo el mantillo del pasado otoño, y entonces supe, por su lisa quietud, que se había arruinado sin remedio, convirtiendo en mortal sudor un rocío que empapaba las cáscaras sin hacerlas brillar. Yo estaba de rodillas junto al seto, las manos apoyadas sobre la hierba húmeda, adorador de aquello, madrugador que indaga con las manos y acostumbra encontrar huevos calientes. Pero no este súbito tacto polar como un estigma, este frío de círculo de piedra amaneciendo en mi mortificada diestra, prueba innegable de lo que allí pactó con la materia hueca en su retraimiento planetario.
Seamus Heaney dejó su huella imborrable hace unos años por Cosmopoética. Ayer en el autobús, precisamente cuando me dirigía allí, leí este poema pegado sobre el cristal.
La traducción es de Jordi Doce, otro poeta que también hemos disfrutado.