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29 de diciembre de 2017






don´t talk to strangers
(Dio)

1



Has vuelto a retrasarte,
pero la novedad
no es ésa, siempre te retrasas,
siempre lo has hecho,
y la tensión que asoma mientras pones
los platos
o remueves el guiso que nunca está en su punto
es otra cosa,
el barbecho de un cielo inapetente
que calla lo que ha visto,
el frío seco que da en hueso
cuando abres la puerta y no es nadie.



2



El miedo,
es el miedo otra vez, piensas, mientras la luz
se hace más fuerte
en el patio interior y la mañana
arranca sin certezas,
tan sólo la voz de una niña
en el piso de al lado, un ruido
de puertas y ascensores
para gentes seguras de su oficio,
nombres redondos,
y la leche que hace un momento pusiste al fuego
se quema.



3


La cosas que te dicen
son muy sensatas, pero
no te interesan,
están muy lejos de ayudarte,
y sólo
por respeto te paras a escucharles,
sin impaciencia,
mientras hundes el pie entre malentendidos
y el silencio prospera
como un tumor en la garganta, tienes
razón, no lo había pensado,
y el paso fiel, el ojo acuoso.



4



Lo que sueñas es una mancha
en las horas, un tallo negro
que se extiende a hurtadillas
y pone sus tentáculos aquí,
donde la sangre
es débil, donde el aire se vuelve más escaso
y hiere,
y tu nombre no está en ninguna boca,
y todo el día
vas y vienes entre dos aguas
sobre el fiel de ti misma,
tratando de no ahogarte.




5


Desiertos de los días, demonios de mis noches,
decidme,
¿qué fue de la materia que fue vida,
en qué acabaron
la sangre y su latido, el agua
crispada de deseo?
Ya no quedan preguntas,
tan sólo una insistencia muda,
como el dormir,
y la niña que el tiempo ha disuelto
jugando
con la noche, con los demonios, consigo misma.










Poemas: Jordi Doce
Fotografías: Ernst Haas, Todd Hido, Gerhard Ritcher, Lars Raun, Rinko Kawauchi ,  Leonie Hampton, Rinko Kawauchi, Robert  y Shana Parkeharrison, Manuel Alvarez Bravo, Seijun Suzuki, Valeria Cherchi, Carla van de Puttelaar, Hideyuki Katagiri




30 de septiembre de 2017

19 de febrero de 2016




Podría ver todos esos días irrecuperables
posándose como una bandada de pájaros imaginarios











14 de febrero de 2016



                                                                          


Las 4 de la mañana




La hora de la noche al día.
La hora de una orilla a otra.
La hora de los que tienen más de treinta.

La hora vaciada para el canto de los gallos.
La hora en que la tierra nos traiciona.
La hora en que el viento sopla desde estrellas extinguidas.
La hora de y-si-nada-queda-de-nosotros.

La hora hueca.
En blanco, vacía.
El pozo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la mañana. 
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la mañana... 
tres hurras por las hormigas. Y que lleguen de una vez las cinco
si es que vamos a seguir viviendo.





17 de enero de 2016

...quienes 
pasan mucho tiempo solos terminan
teniendo un oído muy fino.

Djuna Barnes





El color es del pez, el color
es de la espina, de la raspa
verde o azul del pez; en la arena, otros
brillan, palpitan. 

                                                                            O. García Valdés

1 de enero de 2016

13 de diciembre de 2015

Unos años más tarde, ayer


...El cielo es austero, cerrado como la tapa de una jarra de té. De esta superficie herméticamente cerrada cae la lluvia, interminablemente. Cuando uno está de pie, el ruido es ensordecedor. Crepitar de las gotas que rebotan en el sombrero y el manto de paja. Chorreo del agua que cae de las nubes en los cuatro ángulos del arrozal. También se le añade -parece- el lejano ruido de la lluvia sobre el bosque que rodea el santuario de Kio, que se ve al otro lado.
Suspendidas sobre el bosque, las nubes negras se amontonan en la inmensidad del cielo.

Natsume Sōseki





En el trayecto conversamos sobre la imagen decadente de las minas agotadas, de los edificios abandonados, de los cristales rotos.
-Queda poco para llegar a la estación, no tengo teléfono...¿me puede prestar el suyo para llamar a mi hijo? Vendrá a recogerme.
-Sí, claro, tome.
Salimos al andén y al encontrarse con un amigo que viajaba con él pero ocupaba asiento en otro vagón, éste le interrogó con la mirada.
...la he conocido en el tren, contestó  a la pregunta sin palabras. 
-¿Vive muy lejos?...podemos acercarla, mi hijo ya está ahí...

...Ayer hice el mismo recorrido, mismo tren. Mi compañero de asiento era un hombre joven con los brazos tatuados. Lo poco que vi de ellos era un grupo de estrellas muy bien difuminadas. Respondió a mi saludo levantando las cejas mientras se levantaba  para dejarme paso. 

Devolví una llamada de trabajo.
Era de noche, no podía mirar el paisaje.
Comencé a leer el libro de Natsume Sōseki.



10 de diciembre de 2015



                                                      seguridad  

abrazar  (te)                                                                                         
                    sin                   de                                                                                                                         red