3 de febrero de 2013

Sueño, gardenias y café


La fuerza del agua contra las rocas en un mar del norte o la fuerza descontrolada del corazón contra mi pecho, que eran la misma cosa a las cinco y media, fue lo que me despertó.

El ritmo cardíaco (o del alma) necesitó algunos minutos para recuperar la rutina. Mientras, mis ojos abiertos seguían mirando el ritmo salvaje de las olas, a no sé cuántos kilómetros de distancia...


El café casi  está hecho cuando hago algunas fotos a la primera gardenia que abrió, expuesta ya insolente. Junto a ella otra se contagia, pareciera que sólo necesitara el empujón de otra más valiente. Todas las seguirán en breve.

Bebo despacio el café muy caliente, como me gusta. Oigo los gorriones fuera, con el corazón acompasado pero con ese pálpito que lo acucia cuando intuye que va a encontrar unas palabras que nunca antes había leído. Busco por la red un libro que no tengo físicamente, leo un primer poema...un segundo...es éste el de mi pálpito


A través de nosotros

Antes de perdón, está libre la silla,
antes de el color de tus ojos, antes de qué quieres tomar,
antes de soy Rico y me llamo Dita, antes del roce
de una mano en un hombro,
eso pasó a través de nosotros
como una puerta entreabierta durante el sueño.


Amos Oz




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