Hay algo de contacto directo con lo "natural" que sólo tengo con este calor extremo, del que tan pocas cosas disfruto. Es la toma de conciencia de la piel nada más abrir los ojos por la mañana. La primera visión es mi propia piel.
Me levanto y Mirna me reclama impaciente, quiere su comida antes que mi café. Salgo al patio y los pocos jazmines me inundan con su olor. En esta variedad se "suicidan" cuando aún están jugosos y gorditos. Hoy hay seis en el suelo.
Preparo el café, abro la ventana, los gorriones están en su particular jolgorio desde hace por lo menos media hora. Mirna se recuesta en el poyete mirando la calle solitaria.
Pasa un coche con las ventanillas abiertas y la música alta.
Es la primera vez que oigo ópera en un coche
Anoche leí un fragmento, no recuerdo de quién, en el que un hombre pronunciaría grandes discursos al cabo de un rato pero en ese preciso momento estaba en una cama (puede que de hotel) en posición fetal.
El café se me ha enfriado. No me gusta el café frío ni con calor extremo
Las personas tampoco
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