Lo normal es que nadie se dé cuenta al principio. Me ha dado por maravillarme de los árboles del parque. Algo puedo deciros: son hermosos y lo saben. También están exhaustos, cientos de años atascados en el mismo lugar: hermosos paralíticos. Cuando estoy a sus pies sienten que los observo, miran cómo agito mi necia mano, y envidian la alegría de ser un blanco móvil.
Los ociosos que pueblan los bancos empiezan a fijarse. «Hay gente para todo…», se oye decir. Muchos tienen los ojos perdidos en el suelo, como si de verdad no hubiera nada que mirar, hasta que ahí va esa mujer saludando a las ramas de estos viejos árboles. Alzad la frente, amigos, mirad arriba, puede que veáis más de lo que nunca os pareció posible, justo ahí donde algo la saluda tal vez para decirle que ha visto lo maravilloso.
Este poema de la pintora Dorothea Tanning se incluye en su libro Coming to That, que publicó poco antes de morir, con 101 años.
Mujer que saluda a los árboles
ResponderEliminarLo normal es que nadie
se dé cuenta al principio.
Me ha dado por maravillarme
de los árboles del parque.
Algo puedo deciros:
son hermosos
y lo saben.
También están exhaustos,
cientos de años
atascados en el mismo lugar:
hermosos paralíticos.
Cuando estoy a sus pies
sienten que los observo,
miran cómo agito mi necia
mano, y envidian la alegría
de ser un blanco móvil.
Los ociosos que pueblan los bancos
empiezan a fijarse.
«Hay gente para todo…»,
se oye decir.
Muchos tienen los ojos
perdidos en el suelo,
como si de verdad no hubiera nada
que mirar, hasta que
ahí va esa mujer
saludando a las ramas
de estos viejos árboles. Alzad
la frente, amigos, mirad arriba,
puede que veáis más
de lo que nunca os pareció posible,
justo ahí donde algo
la saluda tal vez para decirle
que ha visto lo maravilloso.
Este poema de la pintora Dorothea Tanning se incluye en su libro Coming to That, que publicó poco antes de morir, con 101 años.