Algunas veces iba para quedarme varios días, en alguna ocasión sólo unas horas. Un paseo que sentía como obligado, aquél en el que a medio camino podía decir, en una voz hacia adentro, que sólo oía yo ...ya se oye el río.








31 de julio de 2016












22 de julio de 2016






(Primero cesaba tu voz y luego el crujir de las hojas)

Cuando la noche es ya una certeza indiscutible (noche noche) me desvisto de unas ropas necesarias para la farsa, que en mí ya no surten efecto, para adentrarme en un bosque de abedules. Mis pies desnudos caminan por maderas grises, suaves como algunos tramos de corteza de árbol. Si alargo la mano acaricio las plumas incapaces de volar de pajarillos verdes, encerrados en la jaula de madera que conservo desde que era una niña descalza en una calle de tierra pero que se llama Río.  Me rodean otras plumas protectoras, que en otro tiempo volaron a veces alto, a veces bajo, siempre lejos. Piedras lisas y rugosas, con arterias que los años dejaron expuestas.
Desnuda en la intemperie desde esta lucidez que no quise, la misma que un día, bajo la luciérnaga-mirada de los cuervos de Fukase (oscuros en lo oscuro),  me dictó las palabras...siempre serás un desconocido.





Bosques, etc.

El paso, que es un medio tan constante
y deambula en tramos cortos por la mente,
ignorado, pues no deja de percutir,
barriendo los hilvanes del sonido...

recuerdo que una vez me adentré en bosques
crecientes, mi atención era una herida cada vez mayor,
primero cesaba tu voz y luego el crujir de las hojas.
el último fulgor de la lluvia dormido en la tierra;

que mis pies se sincronizaron con la imaginaria
posición cambiante del sol, confiando en que de pronto
ascendería de las partes dispersas de mi cuerpo
hasta mis ojos, hasta sus ábsides vueltos hacia lo alto.

Ningún claro en aquella calma, ningún cambio.
En mi garganta la pequeña línea de mercurio
que regula mi habla empezó a caer
muy rápido por mi columna interminable.





2 de julio de 2016







Vieron el horizonte endurecerse y contraerse
como una lámina de acero sumergida en agua
y se vencieron, parecía que sus alas estuvieran atrapadas en sus
abrigos.






8 de junio de 2016






...ya no la espío.







23 de mayo de 2016















22 de mayo de 2016

14 de mayo de 2016







Frente a frente, casi parados, dos trenes;
el mío avanza por inercia
hacia raíles desviados, casi
se rozan. Miramos desde dentro
de un animal que tiene sus litigios
con otro poderoso animal.
El calor que comienza,
temor de túnel
que nos trague. Y el año,
espacios breves, grumos
de primavera dentro de la máquina.











                                                                                      


el recorrido del sol cuando cae
la noche, el recorrido
de la noche, hacia dónde
 va llegando, mirar
lo conocido como signos
que son y ya no son, un aceite
de estar, representar
su hueco,
                                                         desplazados miramos
como si fueran los otros
siempre a estar ahí y de
 pronto no están o no estuvieran








13 de mayo de 2016





                                            
La carretera siente
querencia de la tierra,
huesos de animal. Abubilla,
avefría, avutarda, viñas
abandonadas, flores añil. Me
equivoqué de cruce, vengo
llena de campos. Ayer
vi un pichón en el suelo, la urraca
lo miraba desde arriba. Amargo llega hoy
olor de las cunetas amapolas.





12 de mayo de 2016




A menudo (¿decenas, cientos de veces?) pienso en escribir cualquier cosa que me pase por la cabeza (o por otro lugar). Poco tiene que ver con un ejercicio literario, a modo de escritura automática o algo que se le parezca. Tiene que ver con un pensamiento, un pesar, un pálpito, una alegría, un sueño, una intuición.
Acabo por hacerlo muy pocas veces y debería...incluso quizá me lleve alguna sorpresa en el camino.


"¿sabes por qué me gustan los caminos? Porque tienen recodos...y tras ellos sorpresas"
Lucy Maud Montgomery


10 de mayo de 2016





-Oye, ¿y tú quién eres? -le pregunté
"Yo soy yo. Sólo eso".
-Pero el hombre-oveja-dice que tú no existes. Además...
La muchacha posó suavemente un dedo sobre sus pequeños labios. Enmudecí al punto.
"El hombre-oveja tiene su propio mundo. Yo tengo el mío. Y tú tienes el tuyo. ¿No es cierto?"
-Sí.
"Por lo tanto, que yo no tenga un lugar en el mundo del hombre-oveja no significa que yo propiamente no exista, ¿no te parece?"
-Es decir...-razoné-, que todos esos mundos distintos, todos ellos, se entremezclan aquí. Tu mundo, el mío, el mundo del hombre-oveja. Hay puntos en que confluyen unos mundos con otros, y puntos en los que no se superponen. Viene a ser eso., ¿verdad?





Leyendo este fragmento de La Biblioteca secreta de nuevo me asaltan los pensamientos (recurrentes) sobre las líneas paralelas. Voy a releer la teoría que Lobo Antunes tiene sobre ellas.
Y me pregunto

...¿dónde confluyen nuestros mundos?
...¿dónde no se superponen? ...y por qué



8 de mayo de 2016








Llevo algunos días perezosa y no voy caminando al trabajo. Cojo el autobús a las siete y cuatro minutos. En el trayecto me he terminado Sueño, un relato corto de Murakami. En él usa un lenguaje fácil para contar una historia común (con acontecimiento extraordinario) que me deja pensando y extrañamente imbuida por el personaje. Así siento que mis 22 minutos de autobús son un sucedáneo (brevísimo) de una noche sin dormir de la protagonista. Al día siguiente comienzo a leer otro libro en el que voy dejando tiritas de papel para localizar alguna frase o párrafo. Salgo a desayunar a las 10 y lo hago rápido para ir a comprar unos lápices y señalar de este modo.

...Malgasté la noche con Nat. Me dio una lección de conducir y después lo acompañé y fingí que disfrutaba una película en Technicolor de sangre y truenos.
Después de escribir esta última frase, la leo de nuevo y pienso en borrarla. Sin embargo, debo dejarla tal cual. -Es inútil para mí consignar sólo las partes de mi existencia que me satisfacen- (¡Son tan pocas de todos modos!) Me permitiré tomar nota del repugnante malgasto de hoy, a fin de que no sea indulgente conmigo misma y comprometa mis mañanas...
Susan Sontag



7 de mayo de 2016




                                                                        Vuelos invisibles



Cuando comencé a entender la mentira
dejé de ser niño,
pero busqué la belleza para protegerme,
huellas sobre la arena,
el eco de un sonido lejano,
un libro con un silencio dentro.
En un país extraño
hay un vencejo que construye su nido
con saliva transparente, casi de cristal,
pegado a rocas inalcanzables.
El hombre escala esas rocas
se descuelga por simas
y usa esos nidos como alimento.
Se cura así de la nostalgia de volar,
su deseo de alas invisibles.
Mientras, yo descubría una tarde
que eras una verdad imprescindible,
mi abrazo de agua y soledad.
Había comenzado a ser un hombre
que se acunaba en tu vientre
con alas transparentes de vencejos,
mi deseo incontenible de querer volar.