21 de marzo de 2014

Salgo a la calle y está ahí quieto, mirando a lo lejos. En voz baja le digo -pienso- una frase (en las clases de Lengua que recuerdo con cariño siempre las llamábamos oración). La guardo en mi memoria, no la escribo.


 Hace vibrar en el alero un pájaro
un instante fugaz como una búsqueda.
La luz se anticipa a los sentidos,
la luz como tocarla con las yemas.
De la cornisa volará a las rocas,
bahía aquí, bahía desde lejos,
como las nubes, alta indecisión;
este mar es el mundo igual que un átomo,
reflejo boreal, arena blanca
mezclada con arena de obra, mar
azul y mar de estaño bajo nubes...
                                                                  Álvaro García



Con el segundo café leo...

"Una flor, un fruto, un simple objeto familiar solicitan, de pronto, que pensemos en ellos, que soñemos en su cercanía, que les ayudemos a elevarse al rango de compañeros del hombre. Sin los poetas no sabríamos encontrar complementos directos de nuestro cogito de soñador."


Vuelvo a mi memoria, a la oración que tenía guardada y ahora sí la  escribo...


Hazme una señal cuando avistes el cielo de Israel