19 de septiembre de 2013

Ahora que sé su nombre sembraré sus semillas



No es un arbusto muy conocido  y siempre me gustó. 
No supe hasta muchos años después su nombre.
No supe hasta hace poco la razón, en el caso de que fuese necesario tener una,  de este gusto.

La descubrí mirando el álbum de fotos de mi madre. Uno de mis hermanos, seguramente con ropa de domingo, miraba a la cámara desde la pequeña valla formada por tres alambres, en el patio segundo. En la casa de mi infancia, la que sigue allí  pero no es la misma. Y ya no haya patio segundo, ni valla, ni tinaja  enterrada en el suelo para apagar la cal del blanqueo, a la que me subía para asomarme por la paredilla
Ni están los arbustos al otro lado de la valla.
No tengo ningún recuerdo de ellos, tengo la certeza de que existieron por esta fotografía.

Pienso en el mundo visual de Tarkovski, en ese agua siempre presente de algún modo, en sus perspectivas, en sus colores y en sus reflejos, en sus niños y en sus mujeres, en el amor y en la distancia.
Y en el caso de que fuese necesario tener una razón para comprender este mundo, visual y onírico, creado desde los recuerdos y los sueños, miro esta fotografía de Andrei niño, en la que acompañado de su madre, fija la mirada en el agua...o en los reflejos...o allá más adentro



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