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A la memoria de Namir
Dijo, entre otras muchas cosas, que en la escultura es tan importante el espacio vacío como el espacio lleno.
Será por eso, o no, que cuando miro su autorretrato y me detengo en esos espacios vacíos veo los ojos profundos (y hondos) de Assem Al Bacha. Unos ojos tan profundos que se adentran hacia él, y en el instante que te miran se adentran de algún modo en ti.
Assem, humilde como sólo creo pueden llegar a serlo los grandes, expuso una parte mínima de su gran obra e hizo un esbozo de su vida, que es decir lo mismo que la escultura, la escritura y el arte. También, y siempre, la rebeldía.
Al salir del recinto tres estados de ánimo, o tres sentimientos me embargaban. Días después aún lo hacen
Coraje por no tener una economía que me permitiese llevarme a casa algunas obras
Indignación por una ciudad que tiene el descaro y la poca vergüenza de lamentar no obtener la Capitalidad cultural 2016 y en ocasiones únicas y especiales como ésta no completar un aforo, reducido por otra parte.
Alegría, mucha alegría, por haber estado allí
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