7 de junio de 2013


.



Utopía



Una isla donde todo se aclara. 
Ahí se pisa la tierra firme 
de las pruebas.
Hay un solo camino, el de la llegada.
Los arbustos encorvados se pliegan bajo el peso
    de las respuestas. 
Ahí crece el árbol de la Hipótesis Adecuada 
con las ramas desenredadas desde siempre. 
El árbol de la Comprensión, deslumbrante, recto, 
junto al manantial que susurra: “Es así.” 
Más se interna en el bosque, más se abre 
el Valle de la Obviedad. 
Si surge una duda, la desvanece el viento. 
El eco, sin que nadie se lo pida, toma la palabra
    con ganas,
y aclara los misterios del mundo. 
A la derecha, una cueva donde hay sentido. 
A la izquierda, el Lago de la Profunda Convicción. 
La verdad se desprende del fondo y ya flota en la
    superficie.
La Seguridad Intocable domina el Valle.
Desde su cumbre se contempla la esencia de las cosas. 
A pesar de tantos atractivos la isla está despoblada,
y las pequeñas huellas de los pies, reconocibles
en la orilla,
se dirigen todas, sin excepción, al mar.
Como si sólo se hubieran ido desde allí
para volver a sumergirse, sin remedio,
en una vida inconcebible.






.