12 de noviembre de 2012

                Todo está por ocurrir y nada es cierto




    Todo está por ocurrir y nada es cierto 
    Hay aquí zarcillo y calas y violetas
    y juncos y árboles altos y raíces
    secas alzadas de la tierra, devoradas,
    inhóspitas, estirándose al aire, a nada.
    Y también frutas y frutos que van y vienen,
    puntuales en la sequía, puntuales
    en su primitivo ardor. Y también hay aquí
    algo que no ocurre, algo, alguna cosa,
    cualquiera, que no da paso al ocurrir
    y no está bien ni mal: sólo no ocurre.

    En fin, quería decir que no hay violetas
    ni juncos ni plantas de nada ni sequía
    ni ardor. Este lugar es sólo el lugar
    del no ocurrir: un sueño aturdido
    de voces, raíces, gestos contra la muerte.





En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen.
 Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras,
 los encuentros que podrán ocurrir entre ellas, las conversaciones, 
las sorpresas, las caricias, los mordiscos. 

Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, 
buscan otras miradas, no se detienen

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