Todo está por ocurrir y nada es cierto
Hay aquí zarcillo y calas y violetas
y juncos y árboles altos y raíces
Hay aquí zarcillo y calas y violetas
y juncos y árboles altos y raíces
secas alzadas de la tierra, devoradas,
inhóspitas, estirándose al aire, a nada.
Y también frutas y frutos que van y vienen,
puntuales en la sequía, puntuales
en su primitivo ardor. Y también hay aquí
algo que no ocurre, algo, alguna cosa,
cualquiera, que no da paso al ocurrir
y no está bien ni mal: sólo no ocurre.
En fin, quería decir que no hay violetas
ni juncos ni plantas de nada ni sequía
ni ardor. Este lugar es sólo el lugar
del no ocurrir: un sueño aturdido
de voces, raíces, gestos contra la muerte.
Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras,
los encuentros que podrán ocurrir entre ellas, las conversaciones,
las sorpresas, las caricias, los mordiscos.
Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen,
buscan otras miradas, no se detienen


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