4 de noviembre de 2012


La oscuridad del cristal









Asistí ese día a la lectura de Poetas del mundo en Córdoba sin conocer nada de la poesía de ninguno de ellos y por supuesto, sin ponerle rostro. 
Cuando Javier Lostalé presentaba al primer poeta, quizás por ir a lo más fácil, pensé en que sería el que se sentaba junto a él, que ése sería  el orden de intervención. Conforme avanzaba en su decir, en su contar,  yo miraba por momentos a ambos y pensé...definitivamente este hombre físicamente no me revela nada de esto. Al terminar la presentación Roberto Loya dijo en primer lugar...gracias Javier, y entendí, estaba sentando en otro lugar.

Compré su libro al salir. Su formato, color y título, Los ojos no están aquí,   comenzaron a contarme cosas, al igual que la ilustración de la portada de Juan Carlos Mestre también me habló...
Ahora puedo contemplarme en lo desaparecido hasta embellecer lo exhausto.

Es un libro breve, 61 páginas en total, todo intensidad.
Las palabras prestadas (sigo pensándolo) casi siempre dicen las cosas mejor que las propias. Éste es también el caso, así que recurro a las del final del libro,  de Federico Leal


R. Loya es un poeta de oscuridades externas pero sus textos irradian una luminosa presencia interior...Su poesía genera luces, oblicuos sonidos de mantras, de cálices silenciosos vertidos sobre una hoguera, pero también proyecta figuras crepusculares y a menudo alargadas. Voces que susurran advertencias, que pueden empozoñarnos el aire, pero que van destinadas a quien desee congregarse en torno a los círculos donde gira toda ansiedad futura, todo anhelo por venir...

"Qué envenenamiento produjo la lectura
de altos relámpagos en la noche,
y qué oscura sigue estando la calle
que daba a la ventana
de los poemas rotos"
R. Loya


R. Loya es la voz inquebrantable del que ha estado en la tiniebla más enfangada y ha salido purificado pero no ileso.

Nos recuerda que somos nosotros quienes hemos aceptado o apartado el negro de la vida...que somos agua transformándose en miedo helado o en suma combustión vaporosa pero no un espejo frígido de nuestra existencia.

R.  Loya es un prestidigitador de emociones.


Este libro parece hecho para las manos, como las fotografías de Masao Yamamoto.


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