20 de noviembre de 2012

                              Diario anacrónico de un viaje (4)


La valla protectora me cuenta, antes que el propio olmo, que su herida es enorme. 
Me acerco, quiero verlo sólo a él y para hacerlo enmarco mi cara en un cuadradito de alambre.

Entonces no veo una herida-herida, veo una herida-cobijo...y recuerdo las palabras de Ángel Gabilondo

"Los afectos se cuelan en las grietas que la vida deja abiertas, sellando cada instante compartido con recuerdos que nunca mueren, con pensamientos al aire".


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