Y también iba recuperando la música. La música que arropaba misteriosamente todo cuanto hacíamos o decíamos.
Fue entonces cuando intuí que todos nuestros movimientos, incluso sentimientos, se producían mágicamente dentro de alguna sinfonía.
Ésa que luego, a retazos, reconocemos con los años, de donde brotan la añoranza o la memoria.
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dime