3 de septiembre de 2012



No suele gustarme nunca el reflejo de los espejos. Tampoco en decoración, por mucho que quieran venderme que amplían una estancia, que dan profundidad ...que sí, que bueno...pero que no suelen gustarme.

Para toda  "regla" me gusta encontrar "excepciones". Hace pocos días estuve rodeada por algunos que no me disgustaron, será porque eran lo suficientemente viejos para que las marcas del tiempo los habitaran.

Y esto de alguna manera acerca el cristal al agua. Y acerca las normas a lo imperfecto.

Porque donde se ponga el original reflejo del agua que se quiten sucedáneos impolutos...y estáticos.



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