16 de septiembre de 2012






Entre la gente borrosa una cara nos llama. Nos sucede igual en la calle o en el cine o en las páginas de una revista o en las salas de un museo. Nos llama con una atracción que tiene que ver con la belleza pero no con cualquier clase de belleza, la más o menos general o aceptada, sino con aquella que por algún motivo despierta algo muy específico en nosotros, lo que nos hace singulares y lo que nos hace sensibles a un cierto tipo de singularidad, igual que nuestros ojos y nuestros oídos son sólo sensibles a un rango muy estrecho de longitudes de onda. La cara es el espejo del alma, pero del alma de quien está mirándola.




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