25 de agosto de 2012


En la mente detenida no existe un lugar del que no forme parte y sea: las cumbres, las piedras, la arena. También soy las orillas. Soy todas esas cosas y todas ellas son yo. La observación, lo observado y quien lo observa. Lo percibido y el percibir. Sentir el olor del mar y ser el propio olor; escuchar el sonido de las hojas y ser el sonido. No hay tiempo detrás o delante en el que no me halle de alguna forma. En cada espacio he podido nacer y morir. Soy un pequeñísimo trozo del universo sin el que no podría existir el todo. Una pequeña condensación de energía. Conocerla sin necesidad de pensar, y habitarla. Ser en ella. Ser quienes no soy, y los que fueron y serán; lo que me rodea y a la vez su nada. Contemplar sin objeto. No hay distancia entre el yo y lo otro. Todas las vidas transcurren en mí.

En un lugar relación.

El espejo ya no invierte mi imagen.


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