14 de junio de 2012





Ateridas las carpas del invierno
intentan en la fuente no moverse.

Si se paran
fluye muy poco oxígeno a sus branquias.
Si se mueven
el frío se les clava en las espinas
y a vueltas ratifican lo angosto de su mundo.

No parecen felices estos peces.
No se sabe.


Nadie quiere saber



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Dime