15 de diciembre de 2011













   
                                                                                                                                 Un mundo bueno,
                                                                                                                                         fluye el rocío a gotas,
                                                                                                                          de dos en dos
  
                                                                                                           Issa















Unos trazos de tinta y ahí está.
Un gran silencio de la blanca niebla,
un despertar en las montañas,
los gansos gritan,
la polea chirría en el pozo,
gotas del alero de la cabaña.

O quizás es otra casa.
Un océano invisible,
niebla hasta el mediodía
con lluvia abundante que gotea de las ramas de una secuoya,
sirenas zumbando abajo en la bahía.

Tanto puede la poesía, pero no más.
Porque no sabemos quién es exactamente el que habla,
cómo son sus tendones y sus huesos,
la porosidad de la piel,
cómo se siente en su interior.
Ni si esto es el pueblo de Szlembark,
donde en la hierba húmeda encontrábamos salamandras
abigarradas como los vestidos de Teresa Roszkowska,
u otros continentes y otros nombres.
Kotarbinski, Zawada, Erin, Melanie:
no hay personas en este poema. Como si durase
la sola desaparición de los alrededores y de la gente

Czeslaw Milosz



 












Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.

 Lenguaje, pero no palabras.


 Tomas Tranströmer




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2 comentarios:

  1. Razón tiene el nuevo premio nobel de literatura. Eso me ha hecho recordar una pequeña cita de Alberto Corazón en si libro:

    Damasco Suite:


    Mi necesidad biológica de la imagen.
    Que a su vez nada garantiza.


    Aunque yo creo que no es cuestión de garantizar sino de pervivencia.
    Siempre me atrajeron los cipreses.

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  2. en algunas culturas Tempero los cipreses se sembraban en los caminos alternándolos con almendros, un ciprés un almendro un criprés un almendro

    así se ponía de manifiesto lo perenne y lo caduco, una metáfora de la vida, las ramas desnudas y las flores delicadas dan la mano (o las ramas) a lo que permanece

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