Y los dos empezamos a reírnos tan fuerte que el matrimonio de ancianos que miraba la nieve,
tras una mirada de falso reproche, sonrió...
Y era la primera vez que yo me reía, por lo menos con tantas ganas,
y sentí como si dentro de mí algo estallara en mil pedazos,
como si aquel montoncito de piedras que pesaba sobre mi corazón saltara por los aires.
Y pensé:
"qué bueno es reírse..."

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