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20 de septiembre de 2014




Mapas de territorios sumergidos
pergaminos en una lengua extraña,
una voz que no se engaña y que recita: Não sou nada







...y todos trepan a los árboles
para no morir ahogados

...y todos trepan a los árboles
y en ellos se come
y en ellos se ama


y en ellos se pare





9 de septiembre de 2014

Centro

Remontamos a pie el lecho del río, sin saber
muy bien qué buscábamos: hundimos los pies
en charcas repletas de insectos, pisamos zarzas
para evitar cascadas, nuestra piel se llenó de cortes
y se aceleró el corazón. Finalmente, más arriba aún
de donde manaba el agua, la encontramos: una
enorme pirámide de piedra -era el secreto.
No lo desciframos, pero alcanzamos su localización exacta;
no lo desvelamos, pero sabemos al menos que existe.
Pienso -y éste es el motivo que me trae al poema
desde las charcas llenas de huesos de animales-
si habrá también dentro de ti un camino
que lleve a tu centro, al secreto: aunque sea
un camino así, lleno de zarzas
y precipicios -¿qué importa eso,
si las heridas de ese camino ya las tengo? 
                                                                                            Martín López-Vega




Mirna se afila las uñas cada día, varias veces además.

Lo hace en el sofá y en la cesta llena de revistas; también en la colcha blanca de mi cama, a los pies, en la esquina derecha casi siempre.
No ha perdido su instinto cazador ni el hábito de prepararse para los peligros y sorpresas que depare el nuevo día.

Mirna se afila las almohadillas cada día, no tiene uñas.






5 de septiembre de 2014



Marina
¿Quién ha visto al mar quitarse su kimono de verano
como si fuese la hermosa muchacha
de un verso de Matsumoto Takashi?

Martín López-Vega



Me gusta la combinación de palabras e imágenes pero no pies descriptivos, como hacen en los periódicos, sino unir palabras con imágenes que te puedan llevar a un sitio inesperado o palabras que hagan preguntas.

Más que escritores en concreto se trata de amar las palabras y adónde te llevan. La literatura me inspira del mismo modo que las palabras oídas por casualidad. Esas palabras pronunciadas por gente corriente también pueden ser extraordinarias. Me encanta escuchar por casualidad trozos de conversaciones en el día a día. Probablemente soy tan buena oyente como observadora.

Vanessa Winship



2 de septiembre de 2014





                        Un  día se detuvo  frente  a un árbol. Vio  hojas,  ramas  y  frutas.
Ningún jardinero pudo responderle: nadie sabía su nombre ni su origen.  Se dijo: no conozco este árbol ni lo comprendo: sin embargo, sé que desde que lo vi mi corazón y mi alma se han vuelto frescos y verdes. Me quedaré, pues, bajo su sombra.

Djelal-Edin Rumi





Árbol desconocido

Sé de un árbol que está al final de todos los caminos
Conozco la forma de sus hojas El dibujo de sus ramas
El sabor de sus frutos

Es un árbol que todos ven Que todos vemos
Que puede estar frente a nuestra casa o en la infancia 
Y no lo reconocemos

Nunca lo he visto Pero sé que me espera

La voz que llama no es voz
No es necesario ir hacia ella
pues en ella estoy

No hay tú ni yo
No hay aquí ni allí

Todo es uno
Uno es nada

                                                                      Martín López-Vega



Las cartas certificadas llegan a casa con la misma urgencia que las que no caben en el buzón, con una llamada rápida y repetida dos o tres veces al timbre, precedida siempre por el sonido del carrito que arrastra el cartero. El sobre que me entrega contiene un Árbol desconocido, también una Cadena humana. Y sigue rápido con su reparto, sonriendo porque este cartero al que conozco desde niña (él también era un niño) siempre sonríe. Lo hace bajo la poca sombra que dan los naranjos. 
A los pies de uno sembré en junio un jazmín pequeño. En pocas semanas creció bastante. 
Mi padre murió mientras tanto.
Cuando mi madre lo vio me dijo ...has de ponerle una guía ya, que no invada la acera. 
Mañana lo haré, le dije yo, y me fui al cine de verano.
 Cuando llegué a casa, pasada la media noche,  un pequeño terrón oscuro me llevó hasta el ya jazmín inexistente. Un pequeño rastro de tierra en la acera me indicó el camino que había seguido quien lo robó.