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Entro a la librería buscando un libro (está en reedición me dicen) y salgo con otro.
La sensación de calor aumenta por el simple hecho de cruzarme con una mujer tras otra, vestida a cual más liviana.
Llego al despacho de abogados, con mis sandalias de hilos trenzados y pantalones negros, nada livianos, y me quedo en la calle para terminarme un polo de limón.
En la sala de espera tres hombres hablan de negocios que fueron florecientes. Ya no lo son. También de bicicletas carísimas.
Me quito las gafas para adentrarme en una burbuja protectora. Como si de una novela se tratase abro el libro por el final para leer el último renglón. Aquí leo la página entera, el último poema
Magic tree
Diré tu nombre para traerte, vendrás
por la raíz, por el humor
del tronco, por los círculos
de tus años, por las hojas
vendrás del cimbrearse
altos los que hablan de ti.
Olvido García Valdés
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