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12 de mayo de 2016




A menudo (¿decenas, cientos de veces?) pienso en escribir cualquier cosa que me pase por la cabeza (o por otro lugar). Poco tiene que ver con un ejercicio literario, a modo de escritura automática o algo que se le parezca. Tiene que ver con un pensamiento, un pesar, un pálpito, una alegría, un sueño, una intuición.
Acabo por hacerlo muy pocas veces y debería...incluso quizá me lleve alguna sorpresa en el camino.


"¿sabes por qué me gustan los caminos? Porque tienen recodos...y tras ellos sorpresas"
Lucy Maud Montgomery


19 de junio de 2013

                                           

...en algunos poblados son tan pobres que las mujeres ni siquiera tienen nombre
                                                                                                                            Fairytale     
                                                         

- ¿Cómo se llama ese geranio del alféizar?
-Es un geranio injertado.
-Oh, no me refiero a esa clase de nombre. Quiero decir el nombre que le da usted. ¿No le ha puesto ninguno? ¿Puedo ponérselo yo? Puede llamarle...veamos...Bonny estará bien...¿Puedo llamarle Bonny mientras esté aquí? ¿Puedo?
-No tengo inconveniente. ¿Pero qué sentido tiene ponerle nombre a un geranio?
-Me gustan las cosas que tienen nombres propios, aunque no sean más que geranios. Les hace parecerse a los seres humanos. ¿Cómo sabe usted que no hiere los sentimientos de un geranio el que lo llamen geranio y nada más? A usted no le agradaría que la llamaran nada más que mujer durante todo el tiempo. Sí, lo llamaré Bonny. Esta mañana bauticé al cerezo que está frente a la ventana de mi dormitorio. Le puse Reina de las Nieves porque estaba tan blanco...Desde luego que no estará siempre en flor, pero uno puede imaginarse que sí, ¿no es cierto?
-En mi vida he visto u oído a nadie como ella -murmuró Marilla, batiéndose en retirada. Me está hechizando a mí también...

Ana de las Tejas Verdes (fragmento)



.Hace dieciséis años que llegó Ana (Cordelia) a mi vida,  para quedarse.



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17 de octubre de 2012






Una dice lo que piensa o lo que siente algunas veces despacito, otras  a borbotones...como si en ese manar rápido quisiera transmitir la fuerza que nace desde dentro y abre camino, de forma viva e imparable, hasta notar el salpicar en las yemas de los dedos o en las pupilas brillantes.


¿No es maravilloso pensar en todas las cosas que hay que averiguar? Simplemente me hace sentirme contenta de vivir. ¡Es un mundo tan interesante! Sería la mitad de interesante si lo supiéramos todo, ¿no es cierto? No habría campo para la imaginación. Pero ¿estoy hablando demasiado? La gente siempre me dice que así es. ¿Le gustaría que no hablara? Me callaré si me lo dice. Puedo callarme en cuanto me lo propongo, aunque es bastante difícil

Ana de las Tejas Verdes

Lucy Maud Montgomery



 Hace unos años llegué a un blog (en el que nunca dejaban comentarios aunque los tenía) y dejé mis impresiones en una bella fotografía de Masao Yamamoto. Dije algo así como que de vez en cuando necesitaba el sosiego y que entonces recurría a sus fotografías. A un anónimo que nunca antes comentó le provocó risa (casi orgásmica según sus palabras). No se puede hacer un comentario más cursi dijo. Sabiendo entonces de mi capacidad para provocar orgasmos me reiteré en el comentario


Una dice lo que piensa o lo que siente. Algunas veces despacito, otras a borbotones...


Clara (La casa de los espíritus) cuando era niña, un buen día dejó de hablar. Lo hizo durante algunos años. Una vez convertida en mujer madura, tras recibir una bofetada de su marido le prometió que jamás volvería a hablarle, promesa que cumplió, aunque jamás dejó de amarlo y lo hizo hasta el final de sus días, culminando ese amor con una escena de infinita ternura cuando va a recogerlo antes de abandonar este mundo.

Una dice lo que piensa o lo que siente. Algunas veces despacito, otras a borbotones...


Algunas veces (también) una piensa en callarse.




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31 de mayo de 2012






 
Me encantan los árboles. Y no había ninguno en el asilo, nada más que unos palos enclenques y miserables, de los cuales colgaban unas jaulas blanqueadas con cal. Esos árboles parecían huérfanos también. Yo acostumbraba decirles: 
“¡Oh, pobrecillos! Si estuvierais en los grandes bosques con otros árboles en derredor, con alces y ardillas y un arroyo no muy lejos, con pájaros cantando en vuestras ramas, podríais crecer, ¿no es cierto? Pero no lo podéis hacer donde estáis. Sé exactamente lo que sentís, arbolitos”


 Ana de las Tejas Verdes (Cordelia)

Fotografía desde el autobús



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