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12 de septiembre de 2015




"POR QUÉ ME DESPERTÉ
(Hombre plano, tercer borrador)





SOLO entre los durmientes" Surgido de las aceras de ciudades
extranjeras -delgado haz de otoño-, ¿quién era? Deambulando
de calle en calle en la grisalla, sonido de pasos en la acera, entre
horas, pensé en dónde podría entrar. Por qué lo hice. Pensé en
todo como un punto medio, dónde encontrar un filo, encontrar
una altura. Pensé en esta niebla, por qué. En algún lugar
nuestros bosques nos lloran, aquellos a quienes más habían
querido, y el nadador plateado de brazadas silenciosas, cuán
lejos de la orilla es difícil decirlo.



19 de agosto de 2014



-Una de las cosas que intento hacer es imaginarme el momento exacto en la vida del artista antes de que la pintura ni siquiera haya secado. O cuando se escribe la última nota. O la última frase redactada. 
Eso hace milagros con el asombro.

-Parece un buen consejo.

Rectify







Su madre no la reconocía en aquella mujer. 
-No tiene tu nariz, ni tu boca, le dijo.



16 de mayo de 2014

12 de mayo de 2014
La Justicia confirma que los restos de Hernán Eugenio González y Enrique Alberto Sánchez, dos estudiantes que fueron secuestrados en 1976 fueron identificados en la fosa común del Pozo de Vargas.


....y en ese mundo del sueño y del ensueño nacieron los durmientes

..y cerramos los ojos para olvidarnos un instante de la vista, dejando de mirar,  para concentrarnos así mejor en el deseo
...a los rostros placenteros de narices abiertas y bocas cerradas tampoco llegan los olores ni el gusto

El deseo es otro.


Comienza la obra del artista en su pensamiento y ya tiene vida propia. Y no reclama tímidamente, no, exige. El autor es el primer sorprendido.
Así fue como uno a uno cada durmiente se fue convirtiendo en el paso necesario para llegar a lo sorpresivo, a lo importante.
¿Cómo íbamos a imaginar que sería Hernán desde sus ojos cerrados-inexistentes el que deseara con tanta fuerza, con una energía suficiente para emerger del abismo?  Aunque había razones para pensarlo, no era la primera vez que gritaba desde el silencio. Llevaba haciéndolo 38 años.

Tengo por costumbre tomar  prestadas las imágenes a los fotógrafos, a los pintores; las palabras a los poetas, a los pensadores.  Y aunque podría seguir con las  propias porque llevo una semana diciéndomelas mentalmente ya han empezado a oírse las voces de personas con más  "autoridad" que la mía. Autoridad desde todos los ámbitos, empezando por el emocional. 
Carolina Meloni en principio habla desde ahí, desde el sentimiento, pero llega más lejos. Su voz es alta y clara.
Y que resuenen los ecos.



Mi querido tío: 

Llevo ya unos días buscando las palabras, las ideas y pensamientos para poder realizar un humilde homenaje a tu memoria. Y debo confesar que me resulta tan difícil dar forma a tantos sentimientos, a tanta tristeza, a este dolor casi infinito. Escribir esta suerte de obituario diferido, en suspenso durante 38 años, es tarea harto complicada. Dirigirme por primera vez a vos, a la materialidad de tu cuerpo o, en todo caso, a lo que de él queda es uno de los trances más duros de mi vida. Recibimos la noticia de tu aparición hace unos días, a miles de kilómetros de distancia. Nos enviaron, incluso, la fotografía de lo encontrado. Parte de tu mandíbula. El paladar. Tus pequeños dientes que aún conservan sus amalgamas. Y poco más… Un pequeño fragmento de tu cuerpo ha emergido hace unos días desde el horror, trayendo consigo los restos de la pesadilla. En la fotografía forense pudimos comprobar con pavor la rotura de uno de tus dientes frontales, imagen de lo que debiste pasar, de la violencia a la que esa pequeña mandíbula tuvo que enfrentarse. 

Nos ha bastado ese insignificante fragmento de tu cuerpo para recuperarte. Y en un acto cuasi metafísico por nuestra parte, hemos dado consistencia a todo tu cuerpo, hemos sacado a la luz tu identidad robada, arrebatada por el terror. En definitiva, como dicen algunos filósofos, el duelo consiste en eso, en ontologizar el resto, por nimio que sea, en darle presencia y entidad, en localizar e identificar, sacar a la luz cualquier despojo que conserve la huella de aquel al que amamos. Un pie, un fémur, parte de una dentadura, una nariz, unas manos atadas. El trabajo del duelo sólo puede tener lugar en el preciso momento en que ese pequeño resto se hace visible, significante y reconocible para el que sufrió la terrible pérdida. 

Y es que el duelo como tal nos ha sido negado a las víctimas. Aquellos hombres infames no sólo llevaron a cabo la más ignominiosa de las tareas, la aniquilación y destrucción de miles de argentinos. Parte del trabajo destructivo tenía como finalidad la negación del duelo. “No habrá aquí ningún duelo posible”, sentenció Creonte ante la terquedad de Antígona por enterrar a su hermano. El tirano ejerce toda su violencia incapacitando al vivo a ejercer la responsabilidad infinita que nos reclama el muerto. Nos condenaron a un duelo infinito, diferido en la eternidad y nunca resuelto. Nos obligaron a morar en la melancolía, en el desierto de la incertidumbre, en el vacío de la soledad más extrema. 

Ellos crearon la figura infame del desaparecido: cuerpos vacíos, cadáveres disueltos en la inmensidad del agua y la tierra, en la infinitud del tiempo. Fuiste durante casi 40 años pura nuda vida carente de todo valor ontológico y político. Arrojado como un mero trozo de carne, te desvaneciste en la humedad de la tierra, en la profundidad de ese abyecto pozo. Te arrebataron la vida y la existencia, te suspendieron en una detención ad infinitum, incluso después de muerto. Te convirtieron en una especie de oquedad, un agujero negro por el que la vida y la muerte se esfumaron. 

Como una gran boca bulímica, incapaz de digerir lo que lleva en su vientre, el Pozo de Vargas no ha parado de vomitar trozos de cuerpos, fragmentos, cráneos y dientes, dedos y huesos. Los muertos regresan a la vida, asediando la memoria colectiva e impidiendo que la sociedad argentina termine de digerir los años del terror político y del genocidio ideológico. Como fantasmas, asedian la memoria, retornan una y otra vez para frecuentar, visitar, espantar. Y, en su emerger, como todo fantasma, traen consigo todo aquello que se quiso borrar, reprimir, aniquilar. 

Tu pequeña y bella mandíbula trajo consigo todo esto. La memoria del horror y la necesidad de iniciar y terminar ese negado duelo. Asimismo, trae una nueva figura política, una figura de la resistencia y de justicia. Han bastado un puñado de dientes para transformarte en un aparecido, una nueva entidad que nos permitirá enfrentarnos a la infamia de otra manera. 

Como Antígona con Polinices, quisiera retornarte a la tierra, una tierra noble, perfumada de hierbas y lluvias, cálida y maternal. Quisiera devolverte el sosiego y la paz, una paz eterna y llena de luz, que haga desaparecer de cada centímetro de tus míseros huesos la iniquidad y vileza de la que fueron testigos. 

Madrid, 13 de mayo de 2014
Carolina Meloni González






1 de octubre de 2013

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Cruza las alas, tres pares de alas
-sobre la cabeza, ante el pecho y las piernas-,
como una danzarina permite que las otras
desciendan y reposen. Por las alas,
insecto, figura mensajera. No tuerzas
bajo la cruz los ojos, memoria
que porta albaricoques; ven, baja
hasta aquí tu copa y haz que puedan
beber mis labios secos.






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29 de mayo de 2013






Un magnífico artículo de Carolina Meloni en Abecedario Zombi. No digo más, ella lo dice mejor, más alto y más claro.




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28 de marzo de 2013






(Inés González Soria)



Una casa donde voy solo llamando
Un nombre que el silencio y los muros me devuelven
Una extraña casa que se sostiene en mi voz
Y habitada por el viento
Yo la invento, mis manos dibujan nubes
Un barco de gran cielo encima de los bosques
Una bruma que se disipa y desaparece
Como en el juego de las imágenes

                                                                                                                                                 Pierre Seghers






A pequeños sorbos seguía bebiendo de ese libro, La poética del espacio. Este poema aparece en el capítulo Casa y Universo.
A pequeños pasos iba dando forma a la suya. Cuando la bruma se disipaba y los nidos de cigüeñas aparecían nítidos ante ella, ya volaba con otra "ramita" más para la construcción.
Esa casa edificada bajo nubes ( con y sin agua) y sobre tierra, y que la tierra y el cielo de la casa primigenia cimentaban.
Inmersa ahora siempre en el bosque, abrazando árboles, rozando musgo, buscando ávida los nidos, acariciando piedras.
Múltiples arañazos que como líneas se dibujaban en la cartografía, necesaria y vital del cuerpo.
Alguna herida infectada...ocurre con las penas sucias, las que apagan la mirada transparente.
Es la poética de su espacio, de su aliento y de su piel, de la casa edificada a partir del hueco que se forma bajo su esternón.







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26 de febrero de 2013

Un nido en una caja de sombreros. Un nido tibio abraza a un nido roto.





Hoy he soñado que la ley de la gravedad me abandonaba y mis pies se despegaban del suelo. 

La última vez que soñé que volaba fue diferente, me hacía con el control y dominaba la situación aunque no volara demasiado alto ni a sitios remotos. 
Hoy ha sido como de sorpresa, algo inesperado que te sucede y no sabes muy bien cómo reaccionar. 
Espero que haya sido una práctica elemental y no me pille otra vez desprevenida. 

Para una vez que se le despegan a una los pies del suelo literalmente no se puede desaprovechar la ocasión. 

Habrá que llegar más lejos... 


24/09/2007


En estos años que han transcurrido he vuelto a soñar que volaba en alguna ocasión pero no ha sido hasta hace unos meses, cuando a golpe de pálpito el nido* que encontré en un escaparate me "atrapó".
A partir de ese momento  fue cuando el concepto de vuelo desplegó sus alas para,  en un proceso continuo y uniendo los hilos, recolectando y tejiendo, regresar  a la raíz, a la casa, al nido... al origen del vuelo...a su gestación.

Ni en mis vuelos más altos llegué a imaginar estos paisajes, por los que estoy agradecida


La obra, disfrutadla aquí , de Inés González Soria, es gozo y mordedura.


*Un nido que sirvió para buscar otro, ése que voló como un sombrero con un golpe (certero)  de viento

26/02/2013

28 de enero de 2013

Inés, que me ha acogido en su casa, en sus brazos.




















    "Je m'entendais fermer les yeux, les rouvrir"


   
                                                                                                                        




















Yo me oía cerrar los ojos, abrirlos de nuevo.




 Icare ou le voyageur, Loys Masson




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12 de octubre de 2012








Cuando tú entras se respira mejor
Sé que tú y yo seremos grandes
porque tendremos el poder,
el de sentirnos transparentes
                                                            
                                                            Aurora Beltrán



Obra: Inés González Soria




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