Una mañana de invierno, domingo era, se casaron. Ella tenía 23 años. El lunes, aún oscuro el cielo, se levantaron para ir al campo a trabajar.
El jornal diario, de sol a sol, era de 22 reales. Un pan costaba 6 pesetas.
Aún recuerda los momentos felices de esa época durísima, cuando la risa venía pronta.
Una mañana de verano, el rastrillo del campesino se atasca
en huesos muertos y harapos de vestido. Así que él
yacía allí cuando drenaron la turbera
y ahora se yergue y anda su camino en la luz...
Tomas Tranströmer
.